viernes, 17 de julio de 2015

Hay cosas que me están matando

Dejé que Juan cocinara hoy, sabiendo que no me gustará lo que haga. Me siento enferma como para ir a la cocina y dirigir todo. Estoy en cama. Anoche llegamos tarde, estuvimos donde un amigo y bebí demasiado. No fue tanto según puedo recordar. Solo me mareé mucho. Es la maldita sensación de estar mareada. Al despertar vomité y Juan se ofreció a cocinar. Puedo escucharlo, buscando ollas, abriendo y cerrando las puertas del estante. Anoche me dijo que no sé bailar. Vino y dijo: bailar contigo no tiene gracia. Yo si sé bailar. Es ese desgraciado quien lo hace pésimo. Siempre anda por ahí alardeando sobre lo que cree hacer bien. Vivir con él es soportar toda  la arrogancia albergable en un ser humano. Me indigna cuando se jacta de cocinar bien, no es cierto, pero él cree que su comida es sabrosísima. El otro día dijo: yo le enseñé a cocinar a Adela. En ese momento creí que iba a matarlo solo con los ojos. Podía ver fuego saliendo de ellos. Y luego: yo te enseñé a hacer arroz, no me mires así. Idiota, yo te miro como quiero. Pero no le digo nada, no voy a pelear con él por esas estupideces, de antemano sé que soy yo la ganadora. Para que todos sepan aprendí a cocinar sola, a punta de errores, comida agria, salada, cruda. Y después de mucho equivocar digo que nadie puede jactarse de cocinar mejor que yo. Al menos nadie que me conozca. Mucho menos el idiota de Juan. Cuando cocina no sabe dejar todo limpio de inmediato. Esa es una gran parte de saber cocinar. Y me dice; Ay, Adela, cuando termine voy a limpiar. Pero no lo hace. Lo dice pero no lo hace, o lo hace pésimo. Cuando lava las verduras deja escurrir el agua hasta las baldosas del suelo. ¡Juan! maldita sea, ¿no ves que mojas el suelo? dice, mejor al final trapearé, no te preocupes. Pero no lo hace, la mugre comienza a pegarse en el agua que salpica. Además prende la televisión. Cocina mientras mira la televisión. No importa que estén dando, el muy idiota se la queda mirando y se nota por sus ojos que no piensa en nada. Tengo que repetirle al menos dos veces las cosas mientras está así, no me oye, deja de poner atención. Debo terminar la comida pues se olvida, revolver los tallarines, bajar el fuego a las verduras, agregar sal, pimienta. Gran idiota, cómo va a cocinar mejor que yo. Me irrita. Es como si el estuviera dentro de la televisión y yo lo mirara a través de la pantalla. Hay cosas que me están matando. Hace poco Juan fue a bailar con una amiga mía. ¿Cómo puede ocurrir algo así sin ser un gran problema? Yo lo permití, aunque de hecho hubo un poco de revuelo por mi parte. Es que ir a bailar está bien. Mónica baila excelente. Pero dormir en la misma cama es otra cosa. Pero no pasó nada entre nosotros, ¿cómo voy a creerle? No pasó nada, porque no quiero herirte. No tengo ninguna razón para mentir. Es cierto, es el idiota más honesto que conozco. Mónica es una buena amiga.  Me pone a pensar todo esto, me marea. Me costó recuperarme de aquel suceso, cada vez que veo a Mónica trato de no pensar en eso. Pero a veces me resulta inevitable. El otro día le pedí que me enseñara un poco de baile, y la imaginaba con Juan, bailando tan alegre. Cualquier hombre podría enamorarse de ella. ¿Por qué no Juan? ahora siento que están tramando algo, debo ver como se miran cada vez que estamos los tres. Me incomodan las costumbres de ambos, son molestos. Mónica es, como decirlo, un poco molesta, un poco estúpida. Y su voz chillona, diciendo yo esto, yo aquello. Si estamos hablando sobre cualquier cosa, sobre, por ejemplo, la luna, ella dice: yo estaba mirando la luna y sentí que ella miraba toda la miseria del mundo, pobrecita.. Y yo pensaba, esta mujer es estúpida? Solo quería hablar sobre la luna, porqué tenía que meter sus malditas divagaciones. Es la luna, un satélite natural, no se preocupa por nuestras miserables vidas, no le importamos, tiene un rostro como de mujer, y una parte que jamás se ve. El lado oscuro detrás de su bonita cara.

hilton

solo quiero tener mil pesos
y fumar tanto tanto
que no puedas verme a través del humo