Todos le tememos al doble. Lo seguimos o somos seguidos por él. Hay un rastro que deja, casi imperceptible, un aroma, un pedazo de pierna que le vemos cuando dobla en la esquina. Tenemos miedo de ser alcanzados y miedo de alcanzarlo. Miedo de ver un rostro de frente, uno que no se parece al tuyo, uno que encarna la virtud, que es todo lo que no eres o peor, lo que quisieras ser. Hay una historia, alguien enfrenta al doble, y le gana.
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